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La agenda del movimiento abortista

Al analizar diversas iniciativas para promover y legalizar el aborto en América Latina, queda claro que existe una agenda específica para alcanzar esta meta. Su fin es instaurar el “derecho al aborto”, concepto totalmente inexistente en el derecho internacional. Por el contrario, los tratados internacionales protegen el derecho a la vida y los países firmantes de esos tratados no sólo se han comprometido a defender ese derecho sino que esa defensa es incompatible con la creación de un “derecho al aborto”. Es importante recordar que los países tienen la autoridad y la libertad de decidir qué obligaciones desean aceptar con su firma.

Además de su compromiso a nivel internacional, la mayoría de países en América Latina protege el derecho a la vida en sus constituciones nacionales, aunque este derecho se haya visto minado de cierto modo con la despenalización del aborto en tres circunstancias: riesgo para la salud  de la madre, malformación y violación. No obstante, esto no ha colmado las expectativas del movimiento abortista, que busca abiertamente la creación del “derecho al aborto”.

Los defensores del aborto no ocultan su agenda ni las estrategias a seguir para lograr su objetivo de imponerla en Latinoamérica. Basta echar un vistazo a una de sus producciones, el libro de más de 450 páginas titulado El aborto en América Latina: Estrategias jurídicas para luchar por su legalización y enfrentar las resistencias conservadoras para comprender la seriedad de la amenaza contra el derecho a la vida.

Para empezar, no debería sorprendernos la forma tan depurada y positiva en la que estos intelectuales se refieren a los horrores del aborto. Todos estamos ya familiarizados con palabras como, “avances”, “liberalización”, “progreso”, “derechos”, “oferta de servicios”, “conquistas” para describir sus iniciativas. Esta estrategia de comunicación revela que los abortistas buscan que su posición sea culturalmente aceptada usando una terminología pulida y convincente, que replantee el concepto de la santidad de la vida tan arraigado en sociedades latinoamericanas.

Pero la agenda abortista no se queda en simple semántica. Viene aparejada con estrategias legales para abordar la problemática de los “derechos” de las mujeres a la “interrupción voluntaria del embarazo” – otro eufemismo más para poner el aborto bajo una luz menos horripilante. El libro antes mencionado detalla argumentos en favor del aborto usando el principio de legalidad, la medicina y la educación en casos en el Brasil, Colombia, Chile, El Salvador y México, entre otros.

Aunque la estrategia a nivel jurídico es obvia, uno de los argumentos clave es su ataque a las creencias religiosas y éticas especificando que: “La articulación entre poder religioso y poder político, que caracteriza con distintas intensidades la historia de los países latinoamericanos, persiste como una barrera importante para avanzar en la legislación y acceso al aborto”. La agenda plasmada en dicha publicación, no disimula su deseo de “desmontar una cultura jurídica asentada sobre el catolicismo”  pues consideran que la religión y nuestros resquemores éticos son un gran freno para sus planes de imponer el aborto como una opción, así como también las leyes vigentes que la agenda abortista busca modificar. En otras palabras, no es solo la ley que se busca modificar, pero también eliminar la libertad de creencia pues esta es su mayor amenaza.

El caso latinoamericano más reciente lo encontramos en la Argentina. Allí se debatió la legalización del aborto con un proyecto de ley finalmente rechazado por el Senado argentino. Aunque los argentinos apoyaban la vida, hubo una enorme presión internacional en pro del aborto desde instituciones como la ONU y la OEA a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a pesar de que los tratados internacionales protegen la vida, dando una clara muestra de la extralimitación de sus mandatos. Como prueba de ello, cuando el proceso democrático interno en la Argentina rechazó el aborto, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos critico la decisión y expresó su decepción ante este resultado afirmando que la Argentina continuaría con un “legado arcaico” que se apoya en doctrinas religiosas.

En el caso argentino, el proyecto de ley no se limitaba a crear un derecho al aborto sino también a eliminar o socavar la libertad de creencia y la libertad de conciencia, ya que castigaría a los médicos que se negasen a practicar abortos por su objeción de conciencia, con penas de cárcel en determinadas circunstancias. En su intervención ante el Senado, Neydy Casillas, alta asesora legal de ADF International, puntualizó las obligaciones de la Argentina, tanto según el derecho internacional como en su propia constitución nacional, a la hora de proteger la vida, el derecho a la objeción de conciencia que tienen los profesionales médicos y que los tratados internacionales protegen estas libertades.

El rechazo del Senado argentino es un triunfo para los defensores de la vida, pero la agenda del movimiento abortista en América Latina nos alerta de que la lucha por crear un “derecho al aborto” y castigar a los profesionales médicos que se opongan a su práctica apenas ha empezado.

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