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En el aniversario de la legalización de la eutanasia, la pendiente resbaladiza es más visible que nunca en Bélgica

Un columnista dijo recientemente que “Bélgica es famosa desde hace mucho tiempo por su comida, como los gofres y el chocolate. Pero se está volviendo famosa por la muerte”.

En mayo de 2002, Bélgica legalizó la eutanasia. En 2014, abolió cualquier límite de edad. En 2016, el primer niño fue sometido a la eutanasia. Bélgica es uno de los siete países del mundo en donde la eutanasia es legal, pero quizás en ningún otro lugar ha sido más evidente la pendiente resbaladiza de la legalización de la eutanasia.

Tom Mortier puede dar cuenta de ello.

Tom no había pensado mucho en las leyes liberales sobre la eutanasia de su país. No creía que le afectaran. Es profesor universitario en Bélgica, donde imparte clases desde 2006.

Para Tom, parecía que si una persona quería morir, ¿quiénes somos nosotros para detenerla? ¿Por qué esa persona no puede simplemente tomar esa decisión?

Hasta que mataron a su madre con este procedimiento.

Su esposa recibió una llamada telefónica de un hospital haciéndole saber que tenían que ocuparse de los asuntos de la madre de Tom ya que había sido sometida a la eutanasia.

Tom se sorprendió. Su madre había sufrido depresión crónica durante mucho tiempo, siendo especialmente exacerbada después de la ruptura de una larga relación en 2010.

“Mi madre tenía un grave problema mental. Tuvo que lidiar con la depresión a lo largo de su vida. Fue tratada durante años por psiquiatras, y el contacto entre nosotros se rompió”, señaló Tom.

Sin embargo, Tom no tenía idea de que iba a recibir una inyección letal. Ni el oncólogo que administró la inyección, ni el hospital, le informaron que se le había ofrecido la eutanasia a su madre.

“Y al día siguiente, el hospital se puso en contacto conmigo para pedirme que me ocupara de los aspectos prácticos después de la eutanasia de mi madre”, dice Tom. Su ira y tristeza son notables.

Cuando la eutanasia fue legalizada por primera vez en Bélgica hace 17 años, muchas personas entendieron que el “sufrimiento insoportable” necesario para recibirla era una enfermedad física terminal. Se prometió que la práctica estaría bien regulada.

Como la historia de Tom atestigua, estas promesas nunca se cumplieron.

Bélgica implícitamente les dice a sus más vulnerables ciudadanos que no vale la pena vivir sus vidas. Desde su legalización, los casos de eutanasia en Bélgica han aumentado dramáticamente. “Según el último informe del gobierno, más de seis personas mueren cada día de esta manera, y eso puede ser solo la punta del iceberg”, dice Paul Coleman, director ejecutivo de ADF International. Estudios sugieren que un número asombroso de casos permanece sin notificarse.

Tom llevó su caso a los tribunales. El 8 de enero de 2019, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos aceptó examinar su caso después de que las autoridades belgas se negaran a proseguir con él.

“El derecho internacional nunca ha establecido el llamado ‘derecho a morir’. Por el contrario, afirma con solidez el derecho a la vida, en particular para los más vulnerables. Una mirada a los tristes hechos de este caso expone la mentira de que la eutanasia es buena para la sociedad”, apunta Robert Clarke, director del departamento de abogacía europea de ADF International y representante de Tom Mortier ante la Corte.

Cuando se acepta la eutanasia, los miembros más vulnerables de nuestra sociedad, los ancianos y los enfermos, salen perdiendo. Y todos nosotros también. Más de 17 años de eutanasia legalizada en Bélgica lo demuestran.

ADF International trabaja con las familias, los pacientes y la comunidad médica para restaurar la esperanza y las leyes que defienden la dignidad y buscan revertir la resbaladiza pendiente de las leyes de eutanasia.

Visite AffirmDignity.org para saber cómo puede ayudar.

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