Akash Karamat, un cristiano de 19 años que fue arrestado cuando era menor de edad, se enfrenta ahora a múltiples acusaciones falsas de blasfemia en Pakistán.
El caso de Akash ejemplifica cómo las leyes de blasfemia de Pakistán se utilizan para castigar a las minorías religiosas y silenciar la disidencia, exponiéndolo a un riesgo real de linchamiento, ejecución extrajudicial, condena injusta, cadena perpetua e incluso la pena de muerte. ADF International apoya su defensa legal.
Estuvo detenido durante 20 meses, viviendo en condiciones infrahumanas, y permanece bajo la amenaza de procesos penales que conllevan la pena de muerte o la cadena perpetua. Los cargos tienen su origen en la hostilidad religiosa y se presentaron apoyados en pruebas falsas. Mientras las infundadas acusaciones penden sobre él cual espada de Damocles, los extremistas amenazan abiertamente su vida. Akash se enfrenta a graves problemas de seguridad: amenazas de violencia contra su familia y el riesgo constante de ser linchado por turbas soliviantadas.
Lo que le ha ocurrido a Akash muestra cómo las leyes contra la blasfemia pueden arruinar vidas y arrebatar los derechos más fundamentales. Nadie debería enfrentarse a penas de cárcel, amenazas de muerte o la pena capital simplemente por su fe. Su caso exige que la comunidad internacional defienda la justicia y la libertad religiosa y de expresión de todos.
Tehmina Arora, Directora de Defensoría Jurídica para ADF International en Asia
Resumen del caso
Akash Karamat, un estudiante cristiano de la provincia de Punjab, en Pakistán, tenía 17 años cuando fue acusado falsamente de blasfemia en tres incidentes distintos durante el verano de 2023. En cada uno de ellos, la policía local registró inicialmente denuncias contra “personas desconocidas” por supuestas profanaciones de textos y carteles islámicos. Solo más tarde, bajo la presión de extremistas, Akash fue sorpresivamente señalado como el autor de los hechos. Las acusaciones le atribuían haber quemado páginas de un libro de oraciones islámico y haber sido autor de un cartel que supuestamente contenía comentarios despectivos sobre el profeta del islam y su familia. Nunca se presentó ninguna prueba fehaciente que lo relacionara con los incidentes; sin embargo, la fiscalía siguió adelante con la imputación, que conlleva la pena de muerte según la ley de blasfemia de Pakistán.
El Tribunal Superior de Lahore le concedió la libertad condicional, pero, por lo difícil que resultó cumplir las condiciones impuestas por el tribunal de primera instancia, su puesta en libertad se retrasó dos meses más. Finalmente recuperó su libertad en abril de 2025, pero su calvario continúa. Los procesos judiciales en curso, las amenazas de grupos extremistas y el estigma de las acusaciones de blasfemia siguen poniendo en peligro su vida y la seguridad de su familia. Su familia ya ha tenido que huir de su hogar y ha sufrido ataques, después de que una horda violenta intentara saquear su casa en la aldea al hacerse pública la noticia de su detención por los casos de blasfemia.
Entre acusaciones infundadas que aún pesan sobre él y extremistas que amenazan abiertamente su vida, Akash corre un grave e inminente peligro. Dadas las circunstancias tan adversas, es poco probable que reciba un juicio justo. Casos similares demuestran que ni siquiera una absolución garantiza la libertad: quienes son absueltos deben vivir en la clandestinidad, sin poder moverse con seguridad en Pakistán por temor a represalias. Muchos otros se ven obligados a huir del país.”
Akash y su familia necesitan protección urgente para que puedan vivir seguros, y para que él pueda continuar su educación y reconstruir un futuro sin miedo.
Las leyes contra la blasfemia amenazan a las minorías religiosas.
El caso de Akash pone de manifiesto la grave situación de la libertad religiosa y de expresión en Pakistán. Las acusaciones falsas que pesan sobre él estaban claramente motivadas por su fe cristiana, lo que evidencia tanto la discriminación estructural contra las minorías religiosas como el uso de estas leyes para incitar a la violencia colectiva en su contra. Nadie debería ser encarcelado, perseguido ni condenado a muerte por sus creencias, tal como establece el derecho internacional de los derechos humanos. Pese a ello, Pakistán sigue sin cumplir con sus compromisos internacionales, algo que la comunidad internacional le ha exigido reiteradamente.”
El caso de Akash es un ejemplo claro de cómo las leyes de blasfemia en Pakistán se utilizan para perseguir a las minorías religiosas, silenciar la libertad de expresión y fomentar el linchamiento colectivo.
Según datos recopilados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a fecha de 25 de julio de 2024 había 767 personas acusadas de blasfemia recluidas en cárceles de todo Pakistán, frente a las 213 de 2023, las 64 de 2022, las nueve de 2021 y las 11 de 2020.
Según el Centro para la Justicia Social, entre 1994 y 2024 al menos 104 personas fueron ejecutadas sin juicio previo tras ser acusadas de blasfemia, entre ellas 26 cristianos (el 25%).
Aumenta la presión internacional sobre Pakistán
Debido a la preocupación constante en materia de derechos humanos, funcionarios de la UE advirtieron a Pakistán, en enero de 2025, sobre posibles repercusiones en su estatus comercial del Sistema Generalizado de Preferencias Plus (SGP+). El Representante Especial de la UE para los Derechos Humanos, Olof Skoog, reiteró que la relación, y los beneficios comerciales dependen de avances tangibles, incluida la protección de los derechos de las minorías y la libertad religiosa.
Resoluciones anteriores, incluida la moción conjunta del Parlamento Europeo de 2021 , condenaron las leyes contra la blasfemia e instaron a una revisión inmediata del estatus GSP+ de Pakistán.
ADF International apoya el caso individual de Akash al tiempo que persigue el objetivo más amplio de lograr la abolición de las leyes contra la blasfemia para que nadie más se enfrente a la amenaza de prisión, violencia o muerte por su fe.