Comentario

Educación sexual integral: el secreto mejor guardado del aula

En los colegios de todo el mundo se está llevando a cabo una campaña silenciosa, pero cada vez más extendida, para definir lo que se enseña a niños de tan solo 5 años sobre sexo, relaciones y sus propios cuerpos. Esta campaña está impulsada por algunas de las instituciones más influyentes del mundo, como la ONU, mientras que los padres, los tutores legales y el público en general se mantienen, en gran medida, al margen de lo que ocurre en las aulas.
La Educación Sexual Integral (ESI) se concibió por primera vez en la década de 1960 —en cierto sentido, el “hijo no deseado” de la revolución sexual—, cuando el aumento vertiginoso de las tasas de enfermades de transmisión sexual y de embarazos adolescentes exigía una respuesta global. Hasta ese momento, la educación sobre la sexualidad se había centrado principalmente en la salud, la seguridad y la biología. Desde aquel entonces, la ESI surgió para promover los derechos sexuales y, en consecuencia, la ideología de género y la sexualización de los niños.

Exposición a contenidos perjudiciales sin supervisión

Hoy, casi 70 años después, a pesar de los considerables recursos y fondos que se han destinado para impulsar las iniciativas de educación sexual, se ha puesto de manifiesto que los programas educativos carecen de detalles sobre los aspectos específicos y la profundidad de los temas que deben enseñarse a los niños. Esto otorga un amplio poder de decisión a los educadores, marginando a los padres y su criterio.

A finales del año pasado, ADF International proporcionó asistencia jurídica a Nicki Gaylard, madre de seis hijos, cuya hija de 14 años fue expuesta a contenido sexualmente explícito y sumamente inapropiado en su colegio. La hija de Nicki, Courtney, y otras alumnas de su mismo curso fueron retiradas de las clases habituales y asistieron a una presentación impartida por personal externo, sin supervisión. Las alumnas denunciaron que durante la sesión se proyectó material explícitamente sexual, que incluía audios igualmente explícitos.

Su experiencia en Australia Meridional, donde aproximadamente el 80 % de los colegios educan a sus alumnos mediante programas basados en la ESI, dista, por desgracia, de ser un caso aislado y constituye una manifestación local de una agenda global. Padres y madres de países de toda Europa, América Latina y otros lugares han denunciado abusos de autoridad y confianza similares en lo que respecta a la educación de sus hijos e hijas en este ámbito. La maquinaria internacional que promueve la CSE opera con una notable autoridad institucional, sin el conocimiento ni el consentimiento de los padres y madres cuyos hijos e hijas se ven afectados.

La Guía Técnica Internacional sobre Educación Sexual (conocida en inglés como ITGSE) promovida y elaborada por organismos de la ONU establece el marco global para la ESI. Esta persigue los objetivos específicos de aprendizaje en dicha materia y divide el plan de estudios en cuatro franjas de edad.

Para los niños de entre 5 y 8 años, el plan de estudios de la ITGSE enseña que “es natural que los seres humanos disfruten de sus cuerpos”, así como las diferencias entre sexo y género, incluyendo “cómo se sienten respecto a su sexo biológico y su género”. Resulta preocupante que el plan de estudios fomente la búsqueda de fuentes de información sobre el sexo y el género, en lugar de promover la interacción entre padres e hijos.

Entre los 9 y los 12 años, la guía promueve objetivos de aprendizaje en torno a la masturbación, la estimulación sexual, así como la orientación sexual y la identidad de género —contenidos que atribuyen derechos sexuales a los niños e introducen ambigüedad en torno a su identidad otorgada por Dios—. Se anima a los niños a “cuestionar las normas sociales y culturales que influyen en el comportamiento sexual en la sociedad” y a “identificar a un adulto de confianza con quien se sientan cómodos”.

Entre los 12 y los 15 años, se introducen temas como la anticoncepción y una exploración más profunda de la ideología de género; y a partir de los 15 hasta los 18 años o más, se enseña a los niños sobre el placer sexual, el aborto y otros pretendidos “derechos reproductivos”.

Los valores proclamados por la guía —especialmente en lo que respecta a los derechos sexuales— reflejan claramente una agenda ideológica más que una educación neutral en materia de salud. Y, lo que es preocupante, la ausencia de controles estrictos sobre los planes de estudios implica que los colegios y los proveedores externos pueden introducir contenidos que van más allá de lo que los padres esperan o consienten. El caso de Nicki ilustra precisamente este riesgo: una guía diseñada para adaptarse a cada contexto local, pero que en la práctica se aplica sin supervisión, sin transparencia y sin el conocimiento de los padres.

Exponer a los niños a contenidos sexuales prematuros o explícitos no los empodera, sino que les perjudica. En el caso de la ESI, el término “empoderamiento” se está utilizando hábilmente para encubrir material que, de ser impartido por cualquier persona que no fuera un profesor acreditado en un entorno institucional, se reconocería inmediatamente como inapropiado.

Levantando el velo

El principio más amplio que está en juego es el de la transparencia y la confianza. Los padres envían a sus hijos al colegio con la expectativa —razonable y fundamental— de que los docentes actúen en el mejor interés de sus hijos y, al mismo tiempo, mantengan informados a los padres. La ESI quiebra esta relación entre padres y docentes y ha puesto en peligro los cimientos de transparencia y responsabilidad necesarios para garantizar la seguridad de los niños.

Junto con sus aliados, ADF International ha venido sensibilizando sobre las amenazas que la ESI plantea para los niños, así como para los derechos de sus padres. Además, ADF International apoya activamente a sus aliados para hacer frente a un programa educativo que ahora está perjudicando a los niños a los que originalmente pretendía proteger.

Los derechos de los padres importan, la transparencia importa y la protección de los niños no es opcional.

Este video ofrece más información sobre la ESI. En él, nuestra abogada Bettina Roska explica qué es la ESI, cuál es su origen y cómo se está introduciendo en los colegios y en los marcos políticos internacionales de todo el mundo.

ADF ha elaborado una guía que ofrece tres formas útiles en las que los padres pueden ejercer sus derechos fundamentales y proteger a sus hijos de los efectos devastadores causados por la ideología de género. Descárguela aquí